Sueño de un Purple de verano

 
 
 
 
El pequeño criollo se tumbó a la sombra de un bananero, mientras, por su guayabera discurrían unas pequeña gotas de subor. Estaba cansado. Muy cansado. Hoy había sido un día duro. La música sonaba en la lejanía, calmada, plácida. Los párpados se le caían. ¡Qué bien le sentaría algo ahora ahora! Pero no le quedaba nada en los bolsillos. Y se quedó dormido.
 
Soñó con una torre que tenía tres pisos. El primero estaba habitado por los americanos. Él creyó reconocer las caras de los asesinos de Miami de sus primos. Era un piso de gente fría y picada entre ellos. Agrios como el limón que circulaba por sus venas.
 
Siguió ascendiendo y se encontró con un piso habitado por europeos. Estos eran hombres obsesionados con la guerra y la seguridad. Por eso este piso estaba todo cubierto de sangre. Sangre propia y ajena. La ajena, producto de la guerra, y la propia, producto de la desesperación. Lo único que crecía en este piso era la flor de la granada.
 
Desesperado, el pequeño criollo ascendió hasta el último piso, donde vio un inmenso mar azul, que se extendía de manera tan vasta, que no se podía divisar el fin. El pequeño criollo, desesperado se agitaba en sueños, porque no sabía nadar. El mar se batía a sus pies. Tenía miedo y frío. Mucho frío. Y se acurrucó en la orilla. Con el mecer de las olas arrumándole en el oído se quedó dormido.
 
Se despertó bajo la sombra del bananero. Era de día. Todo eso sólo había sido un sueño. Ahora sólo tenía sed. Mucha sed.
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2 respuestas a Sueño de un Purple de verano

  1. Alfredo dijo:

    ¡Qué cosas tienes, Joaqui! Sólo a ti se te ocurre hacer una historia protagonizada por los pensamientos de un chorizo parrillero. De todas formas el último párrafo es demasiado abstracto, no creo que un chorizo quiera beber. En fin, you´re crazy like a fool! Un abrazo, locuelo!

  2. Ada dijo:

    ¡Yo quiero ser una pequeña criolla que tenga que buscar la sombra de un bananero! Por lo que respecta al criollo, creo que le falta un toque más de guayaba 😉

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