La peña d´Orxal

En la costa de Lugo, en pleno Cantábrico, se alza, magestuoso, un pequeño islote, llamado la peña d´Orxal. O Pena Orxal, como figura en otros sitios. Pero el nombre es lo de menos. El ir a este islote separado de la playa de Os Xuncos (o Los Juncos) por unos 150 metros de frías aguas cantábricas, es una pequeña aventura. El que conozca el Cantábrico sabe de que aguas estoy hablando. Pero es aquí cuando aparece la maravilla: cuando hay mareas vivas, que para los no versados son bajamar y pleamar marcadas, se forma un camino de algas y rocas entre la playa y la Peña. Pero el mar siempre nos recuerda que está ahí, y sólo dura este camino, el tiempo que dure la marea baja. Así que el tiempo que queramos estar en la peña va estar determinado por el mar, si no queremos volver nadando.
 
Para dirigirnos a tan curioso lugar, tenemos que salir de la playa, trepando por las rocas de la izquierda, que la separan de pequeñas calas con rocas, donde abunda el pulpo y la nécora. Cuando la marea es muy baja, el camino prácticamente no tiene agua, pero al contrario de lo que pueda parecer, es más traicionero si cabe. Esto es porque muchas rocas con algas resultan así mucho más resbaladizas. Además  cuando hay agua, se forman pequeñas pozas, que no se deben pisar, a menos que sea imprescindible, porque en el fondo tienen algas y anémonas, las primeras resbaladizas, y las segundas venonosas. Se debe intentar, en la medida de lo posible, pisar donde haya arena, porque es lo más seguro. Aunque, áun así no nos libramos de ningún tropezón. Es en este momento, cuando miras la Peña, y después, las rocas donde empieza el camino, cuando te das cuenta de la verdadera distancia que existe, y de como el mar engaña.
 
Después de haber recorrido el camino, no sin habernos caído y tropezados unas cuantas veces, llegamos a la Peña. Nos encaramamos sin dificultad a la falda de rocas que forma la base de la peña, y y podemos ver la subida a la parte más alta de ésta, como si de una verdadera escalera se tratase. Si intentamos subir, entonces, por ahí, llegaremos a una superficie de roca llena de guano, dejado los cientos de gaviotas que han anidado allí a lo largo del tiempo. Si seguimos caminando se verá un pequeño mato de flores silvestres, y zarzas, que casi por milagro han podido germinar en la roca. Como coronando la peña, está un motor oxidado, que lleva ahí tiempo y tiempo, y que es también nido de gaviotas.
 
    En segida sentiremos vértigo al mirar hacia los acantilados que están hacia los lados de este especial lugar, y podremos sentir el batir del agua por entre los salientes a medida que sube la marea. Por fin, acercándonos al borde que da hacia mar abierto, se puede ver  la piscina, un entrante de mar en uno de las caras de la peña, que deja bañarse tranquilamente, sin el batir de las olas, a todo el que quiera probar su fría agua. Éste es uno de los encantos de este lugar, y la meta de muchas de las excursiones hasta la Peña. Bajando un poco, nos podemos tirar hasta ella desde unos escalones, que se forman en la pared de roca que da hasta ella. Si nos parece mucho, podemos llegar hasta ella bordeando toda la peña.
 
Al bordear la peña, muy pegados a las rocas y sin dejar de vista el suelo que pisamos, llegamos a un pequeño precipio que debemos saltar, si queremos seguir adelante. Este pequeño precipicio es la salida (o entrada) a una gruta que atraviesa a la Peña de norte a sur. El suelo de la misma está totalmente cubierto de agua, por el cuntinuo trajín de las olas. Si la queremos atravesar, debemos hacerlo muy pegados a las paredes, y con precaución, porque aquí están las rocas que más resbalan. Recorriendo el pasadizo podremos sentirnos como si estuviéramos en la gruta de los piratas, caminando mientras se oye el eco de nuestras voces y el del agua que rompe en el acantilado al que nos conduce el pasadizo.
 
Al acabar de bordear la Peña, llegamos a una pequeña explanada que da a la piscina. Es desde aquí donde podemos tirarnos, si nos da vértigo las alturas de la pared de roca que tenemos enfrente. Precisamente aquí, en la cara más cubierta y menos visible de la peña, es donde se pueden encontrar buenísimos percebes, agarrados a las rocas más inaccesibles y las más torturadas por el mar La piscina es bastante profunda, como 5 m, y en el fondo se puede distinguir entre las algas, a algún pez, o si temos mucha suerte a algún pulpo.
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4 respuestas a La peña d´Orxal

  1. david dijo:

    mira que llegas a ser pedante.

  2. Joaquín dijo:

    El texto era pedante. Lo sé. Por eso lo he cambiado. A ver que os parece así. Sigue siendo algo pedante, pero he hecho lo que he podido. Es complicado hacer un texto así, s¡n que llegue a parecer una redacción de "mis vacaciones".

  3. Alfredo dijo:

       Demasiado ligero. Dónde están la pasión, el drama, la insinuación, la locura del genio? Sé que puedes hacerlo mucho mejor, algo como ese blog tan chulo (llego tarde, llego tarde, quieres una taza de té?), que dispone de textos tan sugestivos de análisis. Te recomiendo encarecidamente su lectura y comentario. A que te he dejado fatal? Jejeje… 😉

  4. Viriato dijo:

    Oh, qué humildes sois todos… Bueno, mejor. Así no podréis reprocharme mi manera natural de ser. ¡Que os den!

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